viernes, 3 de agosto de 2012

El Democrático

ARCHIVO HEMEROGRÁFICO

El Democrático (*)

 


Pretextos y emociones

El último pretexto que tenía era que no le encontraba nombre a la columna. La he hecho por varios años y pues, con la modestia aparte, tengo que reconocer que no me sale tan mal, incluso alguien ya me dijo que tengo oficio. Eso estimula y emociona y pues aquí me tienen otra vez a bordo de este camioncito.

La democracia es la utopía

Como no quiero discutirlo mucho, sólo digo que el nuevo nombre de la columna siempre se me hizo pretencioso y por eso me negaba aceptarlo. Quería mantener la idea de la nave en que todos viajamos y en la que todos caben, pero el mote popular para llamarle así a los camiones (el democrático) siempre me ha gustado. Creo que nadie lo es perfectamente y ésta (la democracia) parece ser la más evidente utopía de fin de siglo. No lo es el propio camioncito y mucho menos este conductor. Esa es la franca aspiración de cualquier ciudadano en el umbral del siglo XXI. El Democrático es pues, como ese más claro deseo que nos puede hacer caminar de nuevo, a todos.

Y es que el problema central de este país, es el asunto de la democracia política. Creo que eso es lo que está o debería estar siempre en primer lugar en la vida de cualquier ciudadano normal en la coyuntura histórica actual del país y el mundo, porque justamente el asunto de la democracia política se convierte ahora en la utopía, no obstante las interpretaciones, las inevitables diferencias. El caso es que muchos de los problemas de este país se derivan de la falta de democracia política, en muy amplios niveles.

Los caminos de la utopía

Es cierto, todo parece indicar que "el país está cambiando" y de que los logros más aclamados se suponen son los de orden político, por ejemplo la ciudadanización del Instituto Federal Electoral y de sus correspondientes estatales. El espíritu de estas reformas tiene que profundizar en liberar al organismo electoral del gobierno, de la presencia del poder ejecutivo y se permitan en todo caso las condiciones para que, en efecto, se puedan organizar y calificar las elecciones con democracia, con justicia, con imparcialidad. Eso estuvo en juego en 1997 y 2000.

Pero creo que el asunto de la democracia política vá mucho más allá a algo tan ajeno -como lo es el voto universal y secreto- para una población abstencionista, pobre, desempleada y sin credibilidad en el régimen político actual. Creo que los retos en materia de democracia política para el hombre de este fin de siglo deben empezar en su casa, en su habitat más inmediato. Y vemos también que esta democracia tampoco existe.
Sin democracia no opera la planeación urbana

Me refiero a la democracia en la ciudad, en la colonia, en el barrio. Tampoco existe. Nunca antes como en la ciudad la gente estuvo tan cerca una de otra, y nunca antes fue tan ajena, tan individualista, tan separada. Estoy en la certidumbre de que la ciudad no puede paliar sus problemas con la democracia formal realmente existente, pero ello tiene que ser así: los problemas de la ciudad se resuelven con democracia y no técnicamente. La planeación urbana y todo el "estado de Derecho" que se ha vertido sobre la ciudad no solamente no opera, se viola impunemente todos los días porque, precisamente, no existe la democracia.

El caso es que la ciudad también está en crisis y la vemos crecer inexorablemente, caótica, contaminada, conflictiva, destructiva. Y planes van y planes vienen para la ciudad y no se afronta nunca el asunto de la democracia política. Los tecnócratas siguen creyendo en sus modelos y siguen aplicando sus fórmulas y evitan ligar el asunto de la planeación con el de la democracia. ¿Hasta cuándo?

Para muestra basta un botón

El gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas en el DF, igual el de Zedillo y Fox en el país, no aluden a la planeación como imperativo de la acción pública como antes rezaba el discurso oficial. Mucho menos se alude el de la democracia política directa de los ciudadanos y las organizaciones sociales en la planeación de la ciudad como seprometía ambiguamente en las campañas. Ni con participación ciudadana para pintar las banquetas como lo hace la administración perredista; ni llamando a la movilización como lo pretende el exdiputado Marcos Rascón, se logra la democracia y la planeación en la metrópoli azteca, y vaya que en ello tendría que creer el ingeniero.

La ruta está abierta

El chofer de El Democrático tiene preferencia sobre las rutas a seguir (por eso no cobramos, sólo se reciben bonos), pero en ese afán de llamarnos y querer ser así les hacemos saber que se aceptan propuestas. Tenemos preferencia debido a los caminos recorridos anteriormente. Ellos nos determinan y nos indican rutas, pero estamos abiertos. Queremos, como dice el poeta, hacer parada en todas las estaciones (y no es albur).

La imagen del camión

Me gusta la imagen del camioncito desde hace rato. Me produce sentimientos con los que me identifico plenamente. No es precisamente lo que queremos, pero podría ser lo menos peor. Al menos feo por eso lo aceptamos, lo llegamos a querer.

En realidad considero al camión (al transporte) como una necesidad perentoria, pero eventual y prescindible históricamente y por lo pronto lo tenemos que aceptar. Eso nos vuelve tolerantes. Como ser de este mundo sometido a las circunstancias sociales, lo reconozco, si pudiera me compraría un automóvil (reconocer el error es buen comienzo para resolverlo), pero también, como muchos otros, si hubiera un buen servicio de transporte colectivo (y una ciudad segura, justa, educada, etcétera, etcétera,), yo tomaría el camión.

Sin embargo, el transporte será prescindible porque la ciudad del futuro tiene que ser reapropiada por y para la especie humana, y no exclusivamente, por ejemplo, para el automóvil (de ahí mi intolerancia hacia medidas urbanas que sólo toman en cuenta al automóvil y, claro, también a la "planeación urbana" cuando dichas medidas tengan que ser avaladas en su momento por las autoridades).

Me gusta la imagen del camioncito por muchas otras razones, entre ellas, su sentido popular. La imagen de la colectividad viajando en una misma nave. La responsabilidad compartida. Su capacidad y volumen siempre dan la sensación de que cabemos todos y con todo. La unidad soportada por una colectividad. La sensación de la colectividad, de la democracia. Algo tiene el camioncito.

Una ciudad ideal

Quiero decir, en otro sentido, que el blanco de mis críticas hacia la ciudad parten de una ciudad ideal y no precisamente funcional (que lluevan los adjetivos). No creo en una ciudad funcional de aquí y ahora porque soy de los que no creen que ha llegado el fin de la historia. Soy más optimista y pienso pues, que la ciudad del futuro inmediato nos debe hacer prescindir del transporte, de los viajes diarios. Que una planeación urbana a escala humana tiene que contemplar las capacidades y necesidades fisiológicas de locomoción y desarrollo biológico y reproductivo en general de la especie que habita las ciudades. Una ciudad cuya orientación en todo caso nos permita prescindir de esa aberración humana que es el automóvil, los viajes largos en posición sedentaria, tensa, rígida, neurótica y demás conductas modernas que tienen que sufrir cotidianamente por horas enteras los habitantes urbanos, la mayoría de este país. Ello es una verdadera desviación histórica.

Una ciudad ideal debe contemplar las zonas de vivienda cerca de la escuela, el mercado, las fábricas, los centros de trabajo con objeto de permitir a cada quién una de las actividades humanas más cotidianas y más sanas: caminar. Es una utopía que eventualmente puede lograrse, pero pensar así para ubicarse en la ciudad puede ser mejor que entregarla para que sea devorada por los automóviles, sin duda, uno de los mejores representantes del neoliberalismo individualista en los "soportes físico-materiales de la vida social".

El automóvil: aberración de la especie humana

El hombre común todavía no repara en las nefastas consecuencias del automóvil. Cada vez se registran más los estragos cometidos por este terrible depredador. Aparte de los atentados cotidianos que en aras del automóvil se cometen contra el patrimonio cultural (histórico y monumental) y ecológico, hay que recordar que éste sigue representando una de las principales causas de la contaminación, de la inversión térmica, del agotamiento de los mantos freáticos por la construcción de vialidades impermeables, de múltiples enfermedades y causas de mortalidad. La ciudad y la arquitectura moderna están siendo condicionadas en extremo en su diseño y funcionamiento por el automóvil. Tiempo y espacio en función de uno de los más grandes fetiches de la humanidad. No es posible seguir permaneciendo indiferentes ante el depredador del siglo.


(*) Columna que apareció en el diario Noticias de Oaxaca entre los años 1995 y 1998.

* * *


domingo, 29 de marzo de 2009

¿Qué hacer?



Democracia Cero asume que la democracia representativa en México se encuentra agotada si es que algún día existió. Pensamos que es necesario buscar nuevos paradigmas de la democracia y empezar a ensayarlos. No descarta que ingredientes de este nuevo paradigma existan en el pasado no sólo de este país, sino en el mundo entero, verbigracia, la democracia griega que tan presente se encuentra en nuestras comunidades indígenas. Este blog se presenta como ejercicio de este nuevo paradigma que los mexicanos tenemos que ensayar a prueba y error, hasta que nos salga. De esta manera, un grupo de amigos del autor de este blog nos reunimos bajo la preocupación de que no participar y abstenerse de votar en las elecciones de este año no representaba una opción, de ahí que el texto que a continuación presentamos se plantea como una amplia convocatoria a los ciudadanos mexicanos que contamos con derechos políticos de ejercer el voto en este 2009. La pregunta es amplia, esperemos que las respuestas también.


PREGUNTA

¿Qué hacer?

El próximo 5 de julio se realiza una elección más en nuestro país. Se trata de unas elecciones intermedias, en las que se eligen diputados federales, y en el caso del Distrito Federal, Asambleístas y Jefes Delegacionales. Son elecciones que se caracterizan por una baja participación, ya que por lo regular vota menos del 50 por ciento del padrón electoral.

Es muy probable que en esta ocasión los niveles de participación se reduzcan considerablemente, esto debido a la gran pérdida de credibilidad que ha experimentado el Instituto Federal Electoral, en particular por la cuestionada elección del 2006 y la crisis política casi irreversible y sin visos de mejoría que viven ésta y buena parte de nuestras instituciones.

Algunos pensamos, por lo pronto, que lo peor que podemos hacer es no participar. Pensamos asimismo que el abstencionismo no es una opción, en buena medida, porque las causas que lo propician son ambiguas. Pensamos que es importante expresar abiertamente nuestra inconformidad con nuestro sistema electoral y mucho más allá. Creemos que algo tenemos qué hacer para cambiar este país, y aunque ya muchos vemos muy limitada la opción electoral pensamos que no la podemos desaprovechar, por lo menos para expresar nuestra inconformidad y repudio.

Se invita a todos a pensar el qué hacer en este año electoral y enviar su propuesta a este servidor. Somos un grupo de personas que estamos intentando realizar una acción coordinada y colectiva.


RESPUESTAS

Hay que votar anulando el voto, marcando la boleta con un "NO" gigantesco. Esto por inconformidad con todos los partidos y movimientos, empezando por el de López Obrador.

México, D. F.


(…) Gracias por esa preocupación política y por intentar hacer algo, considero, igual que lo mencionas en tu carta, que sólo nos queda ir a las urnas a expresar nuestro repudio, aunque no lo sepamos, "ellos", quiénes sí conozcan los resultados reales, se podrían acalambrar un poco viéndolos. Ya leíste la novela de Saramago sobre el tema? no me acuerdo ahorita cómo se llama. Por otra parte, yo creo que los gringos se están convirtiendo cada vez más en una amenaza seria, y que Calderón sólo les hace el juego, por acuerdos tenebrosos o por torpeza -o por las dos cosas juntas- pero ese pendejo sólo les hace el juego.

Xalapa, Veracruz


Es una muy cara puesta en escena solo para justificar el usufructo del presupuesto de la nación y la injusticia, solo protegen los intereses del gran capital y los propios. Legislando para delinquir. Organizado por una bola de ojetes integrantes de varias mafias políticas asociadas y con doble moral e insaciable sed de dinero fácil ganado entre cada ronquido durante las siestas más costosas que paga el México entero. Son cúpulas de bandidos de cuello blanco que roban más que los asaltabancos, en complicidad con las televisoras, el alto clero y toda la compadrocracia que domina este pais. Por mi parte han hecho más que suficiente para mandarlos a chingar a su madre y no seguir su pinche juego electorero, ya veo las calles inundadas de vinil con las fotos de los bodoques como héroes de la música grupera o de los niños fresas de color verde como emulando el humanismo de Ricky Martin o Shakira. Si la opción de izquierda existió lo que ahora queda es solo una mala caricatura, los imbéciles que se quedaron con la franquicia del perderé no se si me dan más hueva que asco. Tal vez la opción sería anular votos con las palabras “repudio a la farza”.

Xalapa, Veracruz


(…) pues lo primero ejercer la ciudadanía y lo segundo votar, votar y ser votado, hay que hacer lo que dice la ley, sufragar en alguno de los recuadros, y por supuesto por la débil actuación de los que se dicen "partidos" y el sistema mismo, pues votar por el vecino, el amigo, el o la que valga la pena, por eso está el cuadro en blanco, ora que si quieres saber mi nombre completo para votar por mi, con gusto te lo daré.

Xalapa, Veracruz


(…) estoy de acuerdo de que debemos participar en el proceso electoral, fíjate que desde hace mucho tiempo perdí el entusiasmo por los partidos políticos, aunque siempre he votado por la izquierda (por el PRT, cuando doña Rosario Ibarra de Piedra fue candidata a la Presidencia; luego por el PMS, cuando don Heberto Castillo declinó en favor del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas; después nuevamente voté por los candidatos del PRD (Cárdenas y López Obrador); aquí en Nayarit, voté por la alianza PRD-PAN-PT y ganamos con don Antonio Echevarría; después voté por el PRD y el Dr. Miguel Ángel Navarro y perdimos (...) La moraleja sería la siguiente: hay que participar para contribuir en los cambios desde la trinchera del trabajo que sabemos desarrollar, con los personajes amigos que te reconocen más que con los partidos políticos... Aunque nunca he renunciado a mi formación e ideología de izquierda, creo que siempre me he desempeñado como un militante de la justicia, la democracia y el desarrollo. Y como dijo V.I. Lenin ¿que hacer? Yo diría, no renunciar a participar, desde donde se pueda, no sólo por un billete que nos hace mucha falta, sino por mejorar las condiciones de vida de este país...

Tepic, Nayarit


1. Agradezco tu mensaje, no obstante las Instituciones Públicas, la clase política, los partidos políticos y la ignominia de una sociedad apática y conformista hace de nuestro país una Mediocracia.

2. En efecto, el país necesita de Instituciones y ciudadanos constructivos para reformarlo, sin embargo las reglas de la democracia reducidas a un voto no es una democracia sino una votocracia, sin sentido.

3. Los hombres y mujeres que ven en los partidos políticos un expendio de franquicias políticas o bien, como una oficina de empleos muy bien remunerados son quienes están destruyendo al país. No creo en el sistema político mexicano.

4. Con toda honestidad solo he votado una vez y por el momento no lo volvería hacer simplemente porque las reglas de la política mientras no sean reformadas seguiremos reproduciendo la misma injusticia en la que está sumida el país.

5. Espero que el voto que no se practica se interprete con la siguiente lectura: "no creo en el sistema político mexicano, por esto mismo mi voto lo único que lograría sería legitimar a una bola de corruptos que no necesitan votos para legitimarse, en todo caso ya está la maquinaria electoral y el sistema de partidos para hacerlo.

Cuernavaca, Morelos


Mi sentir es el mismo que expresas en tu mensaje, pienso que otra manera de participar es pensar en un voto anulado, como la única manera de expresar mi sentir de inconformidad. Esa es mi propuesta, me han comentado que en otros países crear esa opción es una manera de manifestar el repudio. Buscaré información al respecto y te lo mandaré, dime qué te responde la gente a la que le has mandado este correo. ¿Por qué no creamos una red del voto anulado?

México, D.F.



I
Bueno, este año aunque quisiera no podré votar, si es que estuviera en México creo que mis opciones serían una bonita mentada de madre en la boleta o rotularles un finísimo "puto el que lo lea".

Otra opción sería hacer unas votaciones ciudadanas sin validez, pero que fueran un buen golpe mediático, organízatelas vía FaceBook o esas ondas XD, no estarían mal hacer como unas elecciones alternativas o algo así.

¿Viste lo que está pasando en Francia? interesante, un millón según cifras oficiales, fueron 3 millones según los organizadores, de gente en las calles protestando contra las medidas oficiales para "combatir la crisis". Espero que al igual que en el 68 se contagien esos movimientos a otros países, acá en España igual han habido protestas pero no tan numerosas hasta ahora.

II
Efectivamente, como señala tu texto, el voto del 5 de julio como mínimo debería ser una ocasión para expresar inconformidad y repudio. Ahora estoy en España como bien sabes, así que no podré votar pero aun si tuviera la oportunidad no lo haría por candidato alguno ni mucho menos por los partidos políticos. Sobra decir que esos grupos de poder se han burlado de los mexicanos y han hecho de su ejercicio "servicio público" un negocio lucrativo y descarado en detrimento de millones de personas, incluidos nosotros, que mal que bien la vamos librando desde nuestra posición relativamente privilegiada clasemiedera.

Definitivamente yo tacharía el total de la boleta en el caso más decente posible, pero no se merecen decencia de mi parte toda esa pandilla de ratas, ineptos o ambas cosas, llámense amarillos, tricolores o azules. Si estuviera en México en esa fecha, gozaría al menos por un minuto el rotular en la boleta un contundente "chinguen a su madre todos" o un mexicanísimo "puto el que lo lea". Ya he votado en ese sentido en más de una ocasión. Si muchos hiciéramos lo mismo y el porcentaje de votos anulados llegara a superar al menos el de algún partido de los llamados "chiquilladas", sería buen golpe a favor de la autoestima de la sociedad organizada como tal. Si no mal recuerdo en algunas elecciones los votos nulos fueron cerca del 3 por ciento, un porcentaje mayor del requerido para obtener el registro de un partido, y mal que bien, eso cuenta, para el anecdotario de periodistas o para que el famoso "debate público" les recuerde a los gobernantes qué pensamos de ellos.

Ahora bien, el abstensionismo como tal tampoco me parece malo, pues gane quien gane, el candidato sabrá en el fondo que no tiene un apoyo mayoritario, si vota el 50% del padrón, y el licenciado en cuestión gana, por ejemplo, con un 12% eso significa que solamente 6 de cada 100 mexicanos votaron por él. Si hubiera votación para correrlos, indudablemente sus números serían más abultados.

Valencia, España



Frente a este problema -dilema escapo vilmente y descanso con total tranquilidad en mi nacionalidad extranjera. Pero no puedo dejar de pensar y si yo fuera mexicana ¿que haría? Esta pregunta me la he hecho muchas muchas veces, considerando que he dedicado parte de mi vida profesional al tema político electoral en Oaxaca y que no estoy convencida plenamente del voto ni menos aún de las personas que fundamentalmente llevadas por la ambición de poder (y todo lo que ello conlleva) se montan y cabalgan en viejos y repetidos discursos acerca de la democracia y otros temas concomitantes (es decir, políticamente correctos).

Conozco algo de la pasión que despierta la carrera política. Se de cómo las personas quedan atrapadas y suspendidas en la red de ambiciones, lealtades (incluye la traición como demostración) y compromisos interminables que empezaron un domingo bautizando a un niño (no hay como tener un padrino político) y que terminan en sabe dios qué tratos oscuros una noche de un martes cualquiera en la camioneta negra de un importante funcionario del gobierno (no hay como cobrarle facturas a un gobernador).

Y después, aunque es complicado salirse de esa red, una vez satisfechos los principios básicos del prestigio, ni para qué acordarse de ellos. Pero siempre he conservado la esperanza de que aún con todo debe existir o un día existirá un digno representante que amerite el voto de la gente, no porque esté fuera de esa red pues es casi imposible hacer carrera política sin meterse a navegar allí, sino por lo "que represente" en un momento dado o porque a pesar de su contexto comúnmente conocido como grilla, sea una persona con una formación o una inteligencia excepcional, mejor dicho, el o la estadista que todos esperamos. En fin. Todo lo anterior considerando que la gente vota guiada por la mano de la mercadotecnia al menos en las zonas urbanas y no tanto por lo que distinga a los partidos políticos. Porque si al tema de partidos vamos, pues no termino este correo. Pero ha de ser tema de una segunda disertación dominguera. Volvamos al punto: "Qué hacer?"

Recuerdo una breve conversación que tuve con un investigador del CIESAS a quien respeto y que seguramente habrás escuchado mentar (…) Él también se dedica a los menesteres académicos del tema político. Estábamos en Colima y los amigos del IFE exponían diversos logros democráticos en las regiones indígenas de México. En esas, alguien expone el caso de Chihuahua y los rarámuris y aporta cifras y datos y gráficas de cómo han capacitado, incentivado e invitado a los compas a ejercer el voto. Y me dice el amigo investigador casi al oído: -Y para qué quieren que voten?

He ahí el tema... qué es lo que logra la sociedad y las personas con el voto. Qué es lo tangible, la razón primaria más allá de la creencia en los valores democráticos, la participación per se, las convicciones o las creencias en que las personas que ocupan los escaños o los puestos de representación. La pregunta que me hizo con cierta picardía el investigador es lo mismo que preguntarse ¿qué carajo va a cambiar para ellos y para nosotros?

Entonces mi querido amigo y colega, yo propongo una movilización postelectoral denominada "Marcha Nacional por la Decepción Electoral". Millones de mexicanos y mexicanas (y uno que otro (…) colado que como yo lleve una vida hecha en este país, imagínate "el voto sudamericano en México" así como el "voto hispano en Estados Unidos") lamentando pero también haciendo visible el problema del abstencionismo en las dimensiones posibles que sean expresables en lo público. Una marcha de capa caída, por el ladito de la calle, sin alterar el tráfico, concentrando mensajes y reflexiones en distintos puntos de la ciudad emanado de ese 60% que no votará. El lema podría ser "no es un año sino un daño electoral" A ver si de pronto los otros 40% que sí votan se arrepienten o si corremos con más suerte, hasta que les llegue un mensaje de fondo a todos aquellos que, enjundiosos de poder se sienten en las curules y de pronto sientan la tachuela que les pique el trasero y los haga saltar y cambiar la silla por el trabajo, el compromiso y la responsabilidad para con la sociedad.

Un saludo de tu agente especial en Oaxaca. Si haces la marcha, me das crédito.

Oaxaca, Oaxaca



Qué hacer?
... pues, la evasión y el abstencionismo no es opción en un país donde quejarse es un deporte, donde pedir "al gobierno que nos ayude..." sigue siendo la principal muletilla.

Participemos en cuanta elección tengamos oportunidad y si no busquémosla!!, y luego exijamos que aquellos que tengan un cargo por elección popular respondan por lo menos respecto a aquello para lo cual fueron elegidos, exijamos que respeten las instituciones y su encargo que se conduzcan con dignidad, caso contrario señalemos, evidenciemos y ejerzamos la presión social hasta hacerles ver que no somos ciudadanos de tercera, que merecemos representantes involucrados con las necesidades políticas y sociales de un pueblo donde muchos queremos rebasar la línea de la mediocridad política.

México, D.F.



Es cierto que la opción electoral se encuentra cada día más desdibujada. Creo personalmente que este año la participación será de alrededor del 35% cuando mucho, lo cual será sin duda un nivel de participación sumamente preocupante.

Una idea es que se puedan discutir, en términos generales, las propuestas de los partidos. Desde luego habría que evitar las simples descalificaciones o los apoyos encubiertos. Esto es, las filias y las fobias sin argumentos, hechos con el hígado antes que con el cerebro.

Por lo general los partidos presentan propuestas coyunturales (hoy se les dice electoreras) sin repercusión alguna en la vida política, que están muy lejos de una política pública coherente y permanente. Tampoco se trata de ponernos a discutir los programas, los cuales son muchas veces mera confesión de fe, y el abordaje de temas de los que simplemente hay tomar partido.

Sería interesante discutir entonces qué es lo que proponen los partidos para distinguir cuáles son sus políticas públicas para lograr el voto de los ciudadanos. Distinguir si son meramente propuestas que buscan votos o si realmente nos sirven para realizar una distinción entre las fuerzas políticas.

No tiene caso discutir simplemente, por ejemplo, si está bien o mal la propuesta de pena de muerte. Si se apoya o no la propuesta de Calderón sobre seguridad pública que hace el PAN. Si se sabe o no gobernar, etcétera, etcétera. Es mejor discutir qué es lo que hay detrás de estas propuestas y si tienen lógica y futuro en el escenario político mexicano.

Lo que tiene sentido es entrar al fondo de las propuestas y encontrar cuál es su sentido, con el fin de poner en claro cuáles son las políticas que distinguen a los partidos políticos. Desde luego habrá simpatías y rechazos de parte nuestra, pero más que nada, el intento de desbrozar lo que cada uno de ellos realmente nos propone. Que cada quien saque sus propias conclusiones sería parte de nuestra pluralidad.

México, D.F.



(…) debemos ejercer nuestro derecho a votar y aunque no comparto mucho la opinión [anterior] no es para descartarse, aunque una cosa es que los electores no deben de perder de vista es la veracidad de los resultados, ¿pero cómo lograr esto? solo con mucho trabajo de la ciudadanía, concientizar al electorado de esta necesidad, establecer una segunda casilla ciudadana al lado de la de la del IFE y pedir a la ciudadanía que ejerza en esta de nuevo su derecho al voto, mencionando para que es que se quiere, solo así tendríamos la certeza, ya que si los resultados son coincidentes, estaremos frente al milagro de la democracia y en caso contrario se podría alegar fraude con pruebas, si bien no legales tal vez, por lo menos echarles en cara su bajeza, con esto se lograrían varios fines anexos entre ellos el demostrar que la ciudadanía puede realizar comicios sin necesidad del aparato ese inservible del IFE, dar a conocer a las autoridades que la ciudadanía está harta de mentiras, demostrar que el dinero que se utiliza en las farsas electorales es dinero tirado a la basura ...se podría pensar en una encuesta de salida, pero una mesa de ciudadanos daría mas seriedad.

Morelia, Michoacán



Qué hacer? Participar activamente para quitarle a los políticos el monopolio de decidir por nosotros; lo peor que puede suceder es la abstención, una actitud nula, negativa, ausente de todo sentido. Si queremos que este país salga adelante despojemos a los políticos de la actitud que se han arrogado al pretender que nos representan ¿cómo? Participando, haciendo una gran demostración de fuerza, con argumentos y con debate con ellos; nosotros somos más y mucho mejores.

Lugar desconocido, México



(…) si el diablo te premia por realizar obras y mejoras al servicio de sus intereses, la gente dice que gracias al diablo la gente vive mucho mejor que antes, que la gente tiene mejor alimentación, mejor vivienda y mejor educación al servicio del Diablo, el diablo sale en la televisión, en la radio, en la prensa y hasta en las páginas sociales aparentando ser gente buena que les da empleo a mucha gente necesitada, sabemos que si haces el bien no te lo agradecen como persona, se lo agradecen al partido o a la organización que promovió la obra o mejora de la sociedad, sabemos que hay organizaciones ideológicas políticas que obedecen a intereses y necesidades económicas, sociales, culturales, etc, a mi parecer creo que no se trata de mejorar condiciones de vida material sin crear conciencia histórica-ética-cívica cual si fueran bestias de engorda, se trata de realizar esfuerzos autogestionarios donde los pobladores sin empleo y de mínimos ingresos tomen conciencia histórica-ética-cívica para no depender de los iluminados que dan el pescado sin saber enseñar a pescar causando mayor dependencia.

¿Creen que los PRIPANPANALVERDES enemigos históricos de los intereses y necesidades del pueblo mexicano me apoyarían mis proyectos liberadores contraoligárquicos como son las Promotoras de Empresas Cooperativas de Producción y consumo de recursos básicos para la alimentación y la vivienda ecológica productiva orgánica?

Entonces el Quehacer tiene intereses y necesidades de clases o segmentos sociales, cuidado con las apariencias y autoengaños de servir a quien más lo necesita para liberar o alienar....no se vayan por el billete ni las buenas intenciones, si no hay opciones electorales que satisfagan nuestros intereses y necesidades ¿Acaso no podemos o debemos de seguir luchando o trabajando con otras alternativas para tener derecho al presupuesto cuyo destino sea liberador y no cosificador?

Por el momento, estoy con López Obrador como estrategia política y posteriormente trabajaremos por la utopía socialista que es la razón de nuestra existencia, porque la realización del socialismo es posible...un abrazo de intensa fraternidad en esta semana santa y de pascua...

Culiacán, Sinaloa



(…) ya he pasado por la situación del abstencionismo… he votado por otro partido (por lo cual fui muy criticado) pero ha aumentado mí pesimismo. Solo diré que lo sorprendente de este país es que todavía no se lo hayan acabado. Cuando no existe un sentimiento del bien común lo que solo puede uno esperar es el individualismo, la avaricia llena de toda la corrupción en la que estamos inmersos…

Cuernavaca, Morelos


(…) Mi opinión es tan sólo una entre las miles o millones de personas que manifiestan su opinión política. Por mi posición sobre el ejercicio de la democracia -lamentablemente, por su ausencia en la vida cotidiana- y la cíclica fiebre electoral, deseo expresar algunos aspectos, que muy lejos de constituir una propuesta, me parece que son apenas algunas consideraciones necesarias para pensar una propuesta de acción ciudadana.

1. Si bien existe hoy una crisis de legitimidad en el IFE y en otras instituciones, debemos recordar y tener presente, que existe una crisis prácticamente permanente de legitimidad en los partidos políticos. Cada quien puede recurrir a los ejemplos más escandalosos y aberrantes de cada uno de los partidos y de sus representantes y afiliados para ilustrar la manera cómo han engañado y traicionado a la sociedad. Con impotencia hemos visto cómo ni siquiera en situaciones en que el país verdaderamente y con urgencia reclamaba una actuación digna y ejemplar, han sido capaces de defender el interés de las mayorías. Luego entonces, los principales responsables del abstencionismo, de la apatía y del repudio por el ejercicio tan pobre de la política en nuestro país, son los partidos políticos y la clase política.

2. Los partidos políticos y muchos de los políticos, año tras año, escaño tras escaño, cargo público tras otro, actúan bajo un patrón que al final de cada periodo -pueden ser muy largos- dejan invariablemente dos resultados: aportan poco o casi nada a la resolución de los problemas de la comunidad e incentivan el apetito -se ha visto que es difícil de saciar- de esta clase política por permanecer en el "poder" por llamar así a las ventajas de dietas y sueldos que de ninguna otra manera podrían o serían capaces de ganarse mediante el trabajo honrado. Razón por la que la clase política es extraordinariamente reducida y su círculo, de muy difícil acceso para el ciudadano común.

3. El IFE está integrado y funciona bajo una idea promovida, sustentada y operada con la lógica de existencia y reproducción del sistema de los partidos políticos. En general el ámbito electoral está vedado para quien no tenga filiación con los partidos y agrupaciones políticas registradas. Ni el IFE ni otra institución mexicana da cabida ni validez a la expresión ciudadana, menos aún a la decisión ciudadana.

4. Con excepción de acciones e intenciones de carácter corporativo y clientelar, a ningún partido político y a ningún político le importa la ciudadanía ni sus problemas excepto en periodos electorales. La paradoja es que la ciudadanía valida y legitima a la clase política, los convierte en funcionarios con cargos públicos de alto nivel y en representantes con fuero, luego, en un efecto inmediato e inversamente proporcional, funcionarios y políticos se mantienen lejos de la ciudadanía. Pero siempre vuelven, a los tres años, cuando nos piden ir nuevamente a votar.

5. Dura realidad: si eliminamos los discursos, spots radiales y televisivos, los cientos de miles de pintas en bardas y pendones de plástico con la imagen del candidato en turno, partidos políticos, políticos e IFE reducen en la práctica la democracia al acto electoral y el acto electoral es convertido por agencias publicitarias, radioemisoras y televisoras en un jugoso negocio. A su vez y en acto paralelo, los políticos convierten el acto electoral en una disputa -muchas veces interna- que termina con frecuencia en chantaje, corrupción, violencia y fraude.

6. En buena medida, por todo lo anterior además de ejemplos muy frecuentes y en ocasiones cercanos del desempeño político o en el ámbito del servicio público observamos negligencia, omisión, ignorancia, prepotencia, parcialidad y corrupción en el ejercicio de cargos públicos y puestos de elección popular, hace tiempo, que una parte importante de la sociedad no se identifica con ningún partido político ni con ninguno de sus representantes, por lo que el dilema de la participación electoral es muy difícil de resolver. Algunas personas como yo, tal vez las menos, hace años hemos decidido acudir puntualmente a las citas electorales y cancelar todos nuestros votos.

Aquí me pregunto si participar como lo indicas en tu texto, debe leerse como ir a votar y luego, por quién, por cuál de los partidos políticos.

En mi opinión, para dar respuesta a tu pregunta deben considerarse entre otros, los aspectos anteriores y entonces, intentar la construcción de una respuesta desde una perspectiva ciudadana.

Si no tuvieras inconveniente, agradecería que compartieras mi opinión entre las personas a quienes nos hiciste favor de enviar tu mensaje. Mi buzón electrónico se encuentra a su disposición [victor_cast2000@yahoo.com.mx].

México, DF



El qué hacer nos remite, de manera obligada, a la ya vieja idea (pero no caduca) de la izquierda, que se refiere al trabajo político, sea en el edificio, la Unidad, el barrio, la escuela y la colonia, entre otros lugares.

Pero como decir "trabajo político" es a la vez vago y muy amplio, me permito precisarlo con un ejemplo muy modesto:

El círculo de estudios coapa lleva, desde el PRD y jueves tras jueves, y con un público numeroso, una intensa reflexión y análisis de la situación económica y política del país.

Creo que esta labor educativa permanente, y tan modesta por lo local, es ejemplo a seguir por los militantes de cualquier organización política.

Ahora bien, y por otras parte, el papel de la cultura y el arte en general, están casi siempre olvidados y despreciados por las organizaciones políticas y sociales.

Así, que en resumidas cuentas, más allá de qué hacer en julio próximo, creo que también hay que trabajar y pensar y a largo plazo en trabajos colectivos es este rubro de la cultura, la ciencia, el deporte, la educación y el arte.

Villacoapa, México, DF



Me parece muy buena convocatoria. "¿qué hacer?"
Propondría;
1.- ir a votar
2.- acudir con un distintivo de "luto" (moño negro)
3.- anular el voto con una leyenda escrita en diagonal;
"Exijo calidad y compromiso (de los partidos) con la democracia"
(algo así)
4.- exigirlo a los representantes de partido después de depositar la boleta

Morelia, Michoacán

Pues yo voy a votar por lo que proponga el Peje. Eso de anular ya sabes a quienes favorece, y no dudo que eso sea la tirada... Estoy igual de harto, pero no quiero pasarme al bando de los desencantados. Tengo amigos que hace poco daban la vida por el Peje y ahora habla de él con los mismos argumentos de televisa y sus corifeos. Repiten hasta el cansancio que de dónde sale el dinero, que somos puros acarreeados, que él se cree un Mesías, etc,. Pero no aceptan que ese movimiento está creciendo y que logró cuando menos matizar la iniciativa de Pemex. etc
México, DF
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Votar es una mera trivialidad en la vida democrática. Ejercer el poder democrático, en el sentido más aceptado, que sería el de la dudosa democracia griega, (más adelante volveré sobre este asunto) no explica cómo es que el gobierno es del pueblo, es decir, no es claro ni definido el papel que deben desempeñar los individuos en la sociedad más allá de lo estipulado como obligaciones legales. No está definido cómo tomar decisiones (me refiero al proceso en asusntos colectivos) ni cuál es la información necesaria que debe tener a mano un ciudadano para dar su opinión y ejercer el derecho al voto; en el caso de que se permita a los ciudadanos dar su opinión para ser tomada en cuenta en el rumbo que deban seguir los acontecimientos electorales y ésta no sea una mera acción catártica. En la democracia griega había un foro en el que discutían los asuntos del estado y posteriormente se votaba por una u otra opción para ser puesta en práctica por los mismos ciudadanos que participaron en ese foro. Así, las discuciones giraban en torno a los intereses comúnes y el proceso electoral se reducía a decidir por alguno de los cursos de acción propuestos durante las discusiones. La vida democrática griega estaba sustentada por las acciones cotidianas y en las discusiones mas no en el voto. La opinión personal era escuhada y sometida a crítica antes de tomar decisiones, antes de llegar al momento de cierre, es decir el momento en el que se votaba. Dejo en claro que el voto tenía y debe tener un carácter meramente instrumental y no sustancial. Votar es una acción enmarcada en otra mucho más ámplia, a saber, nuestra vida común. ¿Es que podemos pensar que la participación en procesos avalados por un grupo legalmente establecido que se a apropiado de los derechos de comunicación sobre las propuestas que atañenn a la vida de todos los ciudadanos de un país sea una participación realmente democrática? Estos procesos electorales de la sociedad contemporánea, y sobre todo urbana, no toman en cuenta al ciudadano ni en el sentido de ser el origen y fin de todo acto de gobierno, es decir que son su razón de ser, ni en el sentido de que los ciudadanos son los principales constructores y actores de la democracia. En los procesos electorales sólo se recibe el voto ciudadano y éste, se ha pretendido, es equivalente con voz, con sus análisis y cricas. Es calro que los ciudadanos no tenemos voz en el proceso electoral, así que votar no ayuda para nada a mejorar la vida democrática del país. Una “democracia” que cierre el paso a los foros ciudadanos y que impida que estos tengan influencia efectiva sobre el proceso electoral simplemente no es democracia. ¿Por qué votar? Votar por un partido o por otro debería servir para acotar la influencia del poder de los partidos políticos, sin embargo los hechos han mostrado que ciertos partidos no están dispuestos a que se les acote su esfera de poder y han enturbiado el escenario político social. Entonces ¿qué nos queda, seguirles el juego? Creo que ha perdido todo sentido votar en los procesos del ahora llamado IFE, pues de cualquier modo, los ciudadanos seremos ignorados una vez que haya terminado su proceso. Aunque queda aún el tema de cómo poner en marcha los acuerdos a los que se llega en un foro de modo que la vida democrática deje de ser representativa para que se convierta en participativa, no me extenderé sobre ese asunto, la democracia que no sea participativa no puede considerarse democracia. La democarcia en la Grecia Antigua sólo participaban los hombres libres, y por hombres debe entenderse hombres de sexo masculino, que tuvo su momento culminante en el juicio a Sócrates que terminó con su condena por haber estimulado a los jóvenes. Los hombres de aquella época eran los que llevaban los asuntos cotidianos y por tanto eran los únicos que podían participar de los procesos democráticos. Ellos participababn en los foros, discutían y votaban para después poner en marcha, vía sus esclavos, sirvientes, mujeres y niños, los acuerdos tomados en el foro democrático. Lo que podemos sacar en claro es que su democracia funcionó gracias a que eran los mismos debatientes y votantes los que llevaban a cabo, es decir los que convertían en hechos los dicursos. A nosotros nos queda pendiente saber cómo llegar a ese punto, cómo convertirnos en actores yartífices de nuestra vida colectiva. M ientras no resolvamos este punto fundamental, ningún proceso electoral representativo tiene mayor significancia en nuestra existencia. Yo no votaré.
Cuernavaca, Morelos

sábado, 28 de marzo de 2009

Opiniones


Contra el agandaye
Luis González de Alba
Nexos / Abril de 2009

Por esto, porque nos han maniatado, los ciudadanos debemos anular nuestro voto, pedir el recuento de los insultos puestos en las boletas o, simplemente, no votar. En 1976, no tener otro candidato frente a López Portillo, hizo pensar al PRI que debería permitir una mayor expresión ciudadana, y así dieron inicio las reformas electorales culminadas en 20 años y que hoy vemos en peligro. Quizá los partidos recapaciten ante urnas vacías. Quizá no, y debamos recurrir a instancias internacionales.

FUENTE: http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=276


Genealogía del abstencionismo
José Antonio Crespo
Nexos / Abril de 2009

Así, su abstención podría constituirse como un fuerte indicador de rechazo, imposible de ignorar por los partidos o la opinión pública. Y en esa medida, generar una presión eficaz sobre los partidos mismos. Quienes no desean votar por ningún partido (por razones emotivas o estratégicas), pero consideran que asistir a las urnas constituye más un deber cívico que un derecho político, podrían encontrar un punto de conciliación concurriendo a la urna para anular deliberadamente su voto. Es una opción racional ante ese dilema.

FUENTE: http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=281












La corrupción invicta
Enrique Serna
Nexos / Abril de 2009

Si de verdad fuéramos una sociedad aguerrida, participativa y despierta, ya hubiéramos aplastado hace tiempo a las víboras y tepocatas que Vicente Fox no se atrevió a rozar con el empeine de sus botas vaqueras. Pero en vez de quitarles poder las hemos fortalecido. Desde el cambio de régimen, la libertad de expresión conquistada en arduas batallas civiles nos ha permitido conocer puntualmente los sobornos devengados por el Niño Verde, los flagrantes latrocinios de Arturo Montiel, el quebranto financiero provocado por la evasión fiscal en la venta de Banamex, los desfalcos y las matanzas de Ulises Ruiz en Oaxaca, las trácalas inmobiliarias de la familia Bribiesca, la complicidad de Mario Marín con Kamel Nacif en el secuestro de Lydia Cacho, las onerosas dádivas de Elba Esther a su camarilla de líderes regionales, el reparto de notarías de Arturo Moreira a los miembros de su gabinete, y un larguísimo etcétera, pero ninguno de esos escándalos ha tenido ni tendrá consecuencias penales.

FUENTE: http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=280


Un gesto inútil
José Woldenberg

Nexos / Abril de 2009

1. La participación electoral a nivel federal viene descendiendo de manera constante desde 1991, primera elección que organizó el Instituto Federal Electoral. Ese año dejó de ir a las urnas el 34.06% de los electores. Seis años después, en 1997, la abstención subió a 42.31% y en el 2003 llegó hasta 58.32%.Si observamos los datos de las elecciones generales, en las cuales se elige presidente, senadores y diputados, la tendencia es similar, aunque la participación es más alta. En 1994 no fue a las urnas sólo el 22.45% de los electores potenciales, en 2000, el porcentaje subió a 36.34%, y en 2006 arribó al 41.81%.

FUENTE: http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=277









Somos mayoría
Claudia Ruiz Arriola
Reforma / 24 May. 09

Basta considerar algunas estadísticas para darse cuenta de que se ha conformado una gran mayoría que está harta de ver cómo los políticos permiten que se desplome la economía, la seguridad y la justicia

Decía Unamuno que en el mundo hay dos tipos de personas: las que todavía buscan y las que creen haber encontrado. Algo similar ocurre en política, donde los ciudadanos podemos dividirnos en dos grupos.

Según la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (Encup), de un lado está el 4 por ciento que todavía cree en alguna ideología, caudillo o mesías, por lo que milita en un partido, acude a los mítines de sus héroes y está dispuesto a darles su voto. Del otro lado estamos el 96 por ciento de ciudadanos (¡96!) que tenemos claro que las "diferencias" entre los partidos y sus candidatos son sólo epidérmicas, pues la única "ideología" de la que es capaz la clase política mexicana es la demagogia, la transa y la conveniencia personal.

Este segundo grupo, que está harto de ver cómo elecciones van y elecciones vienen, y que la seguridad, la economía, la legalidad y la justicia siguen desplomándose mientras los diputados, senadores, jueces, presidentes, alcaldes y gobernadores se despachan del erario con la cuchara grande y -no conformes con ello- se convierten en socios y patrocinadores de todo tipo de delitos y fraudes, es mayoría. Basta ver las estadísticas del abstencionismo del 2006 (41 por ciento), analizar los resultados de las encuestas de credibilidad o escuchar las quejas del mexicano promedio, para darse cuenta de que somos mayoría.

En este grupo militamos quienes ya sabemos que los buenos propósitos de los políticos -tipo "adelgazar el gasto del Congreso"- duran lo que la dieta de la semana; quienes consideramos una grotesca burla que los dirigentes de los partidos nos digan que "harán todo lo posible" para que no se les cuelen narcos y cleptómanas de supermercado a los cargos públicos; los que estamos hartos de ver cómo la justicia se vende al mejor postor, cómo los custodios de los penales traicionan a la patria, cómo los secuestradores extorsionan y matan con la total anuencia de jueces corruptos y corporaciones policiacas infiltradas; también estamos los que consideramos que el trabajo honesto -y no el odio de clases- es la solución a nuestros problemas. Y somos mayoría.

Desgraciadamente somos una mayoría complaciente, comodona, apática y pusilánime (¿algo más que se me olvide?). Salimos, si bien nos va, a votar o a marchar una vez al año; nos quejamos en la sobremesa con nuestros parientes y cuates abonando al clima de desilusión e impotencia que nos permite excusarnos de tratar de hacer algo por el país (se nos olvida la estrategia yugoslava: quéjate con alguien que pueda ayudarte); nos burlamos, desconfiamos o descalificamos de antemano los tímidos intentos de organizar la sociedad civil al margen de los caciques y sus partidos; desoímos los llamados de solidaridad para proteger a los institutos ciudadanos (IFAI, IFE) de los que depende la buena marcha de la democracia. Al parecer estamos hartos, pero no lo suficiente como para hacer algo. Y ésa es nuestra perdición.

Porque somos mayoría a la hora de quejarnos, pero minoría a la hora de exigir cambios con seriedad, ahínco y perseverancia. Estamos hartos a la hora de criticar, pero a la hora de proponer se apodera de nosotros esa conducta que -según Alexis de Tocqueville- es propia de siervos y esclavos, no de ciudadanos: "se sienten deseos, pesares, penas y alegrías que no producen nada visible ni duradero, como esas pasiones de senectud que no conducen más que a la impotencia (...) todos sienten el mal, pero nadie tiene el valor y la energía necesarios para buscar el bien" (La democracia en América, vol. 1).

Se nos olvida que las insólitas dimisiones que se están dando en Inglaterra debido a los (para nosotros) miniabusos del Parlamento no responden a la decencia de los políticos británicos, sino a la nula tolerancia de los electores ingleses con partidos y políticos abusivos.

En este triste panorama aparecen, cual brotes de tierna hierba en el pavimento, un par de iniciativas ciudadanas que vale la pena considerar para hacer sentir el peso de nuestro hartazgo en las próximas elecciones: uno de estos movimientos pide simplemente que vayamos a votar vestidos de blanco en señal de rechazo a los colores partidistas, a la inseguridad y al cinismo que vivimos; el otro solicita dar a los políticos nulos una cucharada de su propio chocolate y, en vez abstenernos (lo que sería apatía), anular el voto a modo de rechazo activo y deliberado a todos los cárteles políticos que se adulan llamándose partidos.

Es cierto que ninguno de los dos movimientos va a lograr de golpe y porrazo que los políticos se conviertan en dechados de virtud (para eso se necesita un milagro marca Yahvé), pero es igualmente ingenuo pensar que el cambio va a iniciar con ellos. El cambio inicia con nosotros. Y estas iniciativas convierten las próximas elecciones en un reto para demostrar si nuestro hartazgo es lo suficientemente profundo para generar la masa crítica de ciudadanos que el país necesita o si, pese a las pestes que a diario les echamos, los mexicanos somos los felices lacayos de nuestros prepotentes amos.

FUENTE: http://www.reforma.com/editoriales/nacional/500/999142/



Una propuesta para las elecciones
Octavio Rodríguez Araujo
La Jornada / 22-05-09

En días pasados un ex alumno de posgrado, Tonatiuh T. González V., me envió una propuesta atendible para las próximas elecciones. No la cito en su totalidad porque es extensa, pero sí algunas de sus partes sustantivas.

Tonatiuh partió de una consideración insoslayable en estos tiempos: que hay descontento más o menos generalizado hacia los políticos y sus partidos. Y añadió: “Varios analistas políticos han defendido el derecho de los electores a anular el voto para mostrar su inconformidad, mientras que otros advierten que no se puede ignorar la realidad, ya que algún candidato ganará para posteriormente [ser representante], al mismo tiempo que la anulación, al igual que sucede con la abstención, iría en beneficio de algunos partidos y en detrimento de otros.” Y propuso otra opción: “Los electores mexicanos podrían ir a votar por el candidato o partido de su preferencia pero manifestando públicamente su inconformidad con los políticos a través de múltiples manifestaciones creativas y cívicas, que además no están prohibidas por el Cofipe. Algunos ejemplos podrían ser caminar rumbo a la casilla y formarse en la fila de votación con la cara tapada con una bolsa de papel con hoyos a la altura de los ojos, la cual, obviamente, tendrían que quitarse frente a los funcionarios de casilla y al votar, pero que se podrían volver a poner después de esto. Dicha práctica es ampliamente utilizada por los fanáticos de los equipos de fútbol de distintos países para mostrar su inconformidad con su equipo, sin dejar de ir a los encuentros deportivos; también se podrían pintar en las playeras “Voto bajo protesta” o frases similares. Otros ejemplos se podrían retomar de algunos ciudadanos franceses que en la segunda vuelta de 2002, para evitar que ganara el ultraderechista Le Pen, tuvieron que votar por el gobernante Jacques Chirac, a pesar de que […] se habían comprobado actos de corrupción en su administración y, para demostrar su descontento con Chirac, asistieron a las urnas con guantes y pinzas en la nariz.”


Estas ideas me parecen muy atractivas y llamarían la atención de los medios. Se vota pero se demuestra un cierto repudio a los partidos y a sus candidatos. Si la gente no acude a las urnas (abstención) o si anula su voto, beneficiará indirectamente a los gobiernos que tienen más recursos para influir en la orientación del sufragio, como lo está haciendo ya el Partido Acción Nacional con sus ataques al PRI (su principal competidor en esta ocasión), además de que no se notará ante la opinión pública. Los medios y el mismo IFE dirán que hubo una gran abstención (que no es excepcional en elecciones intermedias), y que muchos se “equivocaron al votar” por lo que sus sufragios tuvieron que anularse. En cambio, si se vota bajo protesta y se hace evidente el rechazo a los partidos y sus candidatos, éste no podrá ser manipulado y tal vez tampoco ocultado pues se trataría de una táctica que en México no tiene precedentes y por lo cual será noticia. No es lo mismo un acto privado (el voto es secreto) que una manifestación pública de descontento, de inconformidad y de rechazo.

Las propuestas del ciudadano Tonatiuh González, como me ha pedido que lo presente al preguntarle si podía citarlo, me parecen francamente adecuadas y las hago mías en este espacio. Son fáciles de llevar a cabo, son baratas y son efectivas ante la opinión pública nacional y extranjera.

Otra cosa es por qué partido votar. Si todas las baterías del PAN están dirigidas contra el PRI es por algo, no es un caprichito de Germán Martínez ni de Felipe Calderón. Quieren ganar la mayoría en las Cámaras de Diputados, tanto en la federal como en las estatales, además de las gubernaturas y presidencias municipales en juego. Esto es claro y el PAN está usando una táctica semejante a la de 2006 contra López Obrador (la llamada “guerra sucia”). Razón suficiente, que no única, para no votar por el blanquiazul ya que, además de corrupto, utiliza malas artes, incluso fraudulentas, para llevar a puerto sus políticas reaccionarias y oscurantistas.

La competencia entre el gobierno federal (PAN) y el del Distrito Federal (PRD) por demostrar reacción pronta y según ellos eficaz ante la contingencia por la influenza (para no repetir el síndrome del 85), también tiene visos de haber sido una maniobra con fines electorales, como lo demostraría el hecho de que se decretó el fin de las exageradas restricciones “sanitarias” a partir del 6 de mayo a pesar de que los contagios siguen en aumento y también el número de muertes (más en México que en otros países, aunque estadísticamente no sea significativo). El PAN, como ha sido evidente, ha querido demostrar –a través de Calderón– que lo hecho estuvo bien, tanto que el inquilino de Los Pinos incluso se autonombró “salvador de la humanidad”, aunque su “salvación” le haya costado al país un golpe más a su crítica economía.

FUENTE: http://www.jornada.unam.mx/2009/05/21/index.php?section=opinion&article=020a1pol



Los sin partido
Claudia Ruiz Arriola
Reforma / 22 Mar. 09

Leo que los jóvenes universitarios no quieren entrarle a los partidos y veo una luz al final del túnel. Nomás que, como el del chiste, no sé si es la luz de la esperanza o la del tren que nos va a llevar a la fregada. Digo, que la juventud no quiera sumarse a la tradicional marranería, corrupción e hipocresía de partidotes y partiditos es una excelente noticia. Pero que las élites universitarias que encuentran revulsivas las actuales prácticas de gobierno declinen el deber y derecho de reformar desde dentro a los partidos, también da miedo. Porque, nos guste o no, los partidos son pieza fundamental de la democracia representativa que hemos elegido como forma de gobierno, y si no los reformamos tendremos que prescindir de ellos (dictadura unipersonal) o dejar que sus filas se llenen de las peorcitas lacras sociales (¡'ai te hablan, Manlio!).

Obvio que nadie culpa a los chavos de no querer meterse en la cloaca de la "política", pues entrar en contacto con el poder es, por definición, contagiarse de una especie de lepra moral que al cabo de unos años deja hasta a las almas mejor intencionadas abotargadas y deformes (tipo señora con sobredosis de colágeno, aka Barbie Botox). Y es que las revoluciones devoran a sus hijos y hasta los más acérrimos críticos del poder, una vez instalados en él, ya no ven sus vicios tan malos. Traer credencial partidista hoy es sinónimo de haberle vendido el alma al diablo, con la desventaja de que Mefistófeles sí cumple las promesas a sus adeptos, mientras que en los partidos nadie te garantiza que no acabes de tapadera y chivo expiatorio de alguna transa del jefe.

De ahí que los jóvenes acierten al pensar que los partidos no son reformables y que resulta más eficaz invertir su talento y energías en el otro polo de la ecuación política: creando una cultura ciudadana. Necesitamos equilibrar el poder de los partidos con el de la ciudadanía, pues mientras no lo hagamos seguiremos viviendo en una tiranía. Y es que el poder de las tiranías, dice Aristóteles, se basa en tres pilares fundamentales: hacer que los súbditos piensen poco (¡y aquí llevan una ventajota...!), sembrar la desconfianza mutua entre los líderes de opinión y que -producto de la atomización ideológica y falta de pensamiento- las acciones conjuntas e inteligentes sean imposibles (Política, V, 11, 15). O sea, no por nada los partidos defendieron como gatos boca arriba sus privilegios mediáticos, pues la propaganda es un vehículo privilegiado para dividirnos, vencernos y mantenerlos a ellos en su perverso juego de poder sin límites (ese que en campaña promete "si me eligen, quito la tenencia" y luego nos sale con la burla de que por él la quitaba pero que -desafortunadamente- no es de su competencia).

Y es aquí donde quería yo aterrizar porque antes de ponernos a construirla quizá valga la pena clarificar qué es y con qué se come la ciudadanía, no vaya a ser que caigamos en esa sutil trampa de políticos que llaman "crear ciudadanía" a la defensa de sus sueños guajiros e intereses personales. Según la inspirada definición de Daniel Bell ciudadanía es, ante todo, "responsabilidad voluntaria por el hogar público". Es decir, ciudadanía es cuidar de la propiedad de uso común -transportes, parques, ríos, banquetas, etcétera- como si fuera propia. Es solidarizarse con causas que quizá no nos beneficien directamente, pero que ayudan a mejorar la calidad de vida de otros. Es aprender a llevar por cauces legales, pacíficos y constructivos las demandas contra autoridades corruptas, ineptas y negligentes. Y es, sobre todo, no dejarse comprar -individual o colectivamente- por los partidos políticos con soluciones rápidas y exclusivas (privilegios) a problemas comunes y de fondo (a mí que me den mi aumento y los demás háganle como puedan).

Es decir, crear ciudadanía es, sobre todo, crear comunidad y no destruirla con rencillas de clase, de ideología o de religión. Es aprender a luchar sin bandera, pues quien lucha con banderas espera el triunfo de los "suyos" para cobrar factura a los demás. Y es, a fin de cuentas, aceptar que en el estado actual de las cosas nuestro derecho a votar por el candidato que nos parezca menos peor nos hace corresponsables de su eventual triunfo y gestión, por lo que estamos obligados a exigirle a nuestro "gallo" tanto o más que si fuera nuestro peor enemigo. Porque sólo el día en que mayoritariamente dejemos atrás el maniqueísmo partidista que defiende las corrupciones de los suyos y le echa bronca por principio a los demás, y nos caiga el veinte que los políticos -del color que sea- no son la solución sino el 90 por ciento del problema, seremos ciudadanos y no lacayos de caciques o súbditos de las hiperchafas señorías de partido que nos gobiernan.


Acta por acta
Carmen Aristegui F.
Reforma / 20 Jun. 08

Una sociedad que busca democracia no puede darse el lujo de abandonarse al conformismo y renunciar a la verdad. El camino puede ser largo, fragmentado o sinuoso. Por eso cuando alguien hace esfuerzos para suministrar información, datos y elementos de juicio para conocer y comprender los asuntos que marcan a un país, no queda más que el agradecimiento, sobre todo si se trata de un trabajo minucioso, con rigor académico y esclarecedor de uno de los asuntos más relevantes que han sacudido a la sociedad mexicana como las elecciones presidenciales de hace dos años. Me sumo a quienes ya han escrito sobre la importancia de la investigación hecha libro de José Antonio Crespo: 2006: hablan las actas. Las debilidades de la autoridad electoral mexicana (Debate. Random House Mondadori. 2008). La investigación de José Antonio es un potente chorro de luz a una parte sustantiva del proceso electoral más confrontado de nuestra historia. Como buena realidad, es inabarcable en su totalidad pero, con el fragmento seleccionado para este examen, es suficiente para saber o ratificar hoy, con claridad, varias cosas. Una fundamental: el papel de las autoridades electorales fue catastrófico. Con benevolencia se puede hablar de ineptitud y falta de miras. Con ganas de que alguien rinda cuentas del desastre se puede hablar de responsabilidades tan graves que merecerían ser sancionadas. ¿En México nadie juzga a jueces y autoridades cuando su acción u omisión causa daños mayúsculos a la población? La responsabilidad del Tribunal Electoral (TEPJF) es enorme en su condición de última instancia. Simple y llanamente no cumplieron con su tarea fundamental para dotar de certidumbre al resultado final de una elección, en este caso una que -como nunca- polarizó, enfrentó y dividió a los mexicanos en un proceso que no ha logrado revertirse. Dos años después, México sigue lamiéndose las heridas. Un país cuya población sigue dividida entre los que piensan que se registró un fraude generalizado, que le robó la elección a Andrés Manuel López Obrador; los que afirman que Felipe Calderón ganó con un estrecho margen de 0.5 por ciento, pero que obtuvo un mandato legal y legítimo, y los que piensan que, después de lo ocurrido, no se puede saber con certeza quién ganó la elección.

¿Tenía que haberse anulado la elección presidencial de 2006? Sí. Con los argumentos que surgen a partir de este trabajo, no parece caber duda sobre ello. Anular una elección debe ser el último de los recursos pero, con lo mostrado por Crespo, queda claro que no se requería siquiera de una valoración subjetiva sobre los varios factores que contaminaron la contienda. Haciendo a un lado la irresponsable intervención de Fox, las campañas negras de unos y otros, los miles de spots en radio y televisión de origen desconocido, el dinero de empresas y empresarios que intervinieron ilegalmente en el proceso, por citar los elementos más conocidos y obvios que para muchos hubieran sido suficientes para invalidar el proceso. Con un solo elemento, Crespo demuestra que el tribunal estaba obligado a anular las elecciones por una razón fundamental que deriva de un ejercicio aritmético. El tribunal fue omiso en un asunto crucial en el que la ley lo obliga para anular. Ante la enorme cantidad de inconsistencias que se presentaban en las actas de escrutinio y cómputo -entre 800 mil y 2 millones, según los rubros comparados- el tribunal sólo atinó a decir que la mayoría de los votos irregulares encontraba plena justificación y los que quedaban no llegaban a afectar el resultado final. Eso, hoy lo sabemos, no fue cierto. Los magistrados o mintieron o se equivocaron, que cada quien escoja. El mérito de Crespo radica en que, incrédulo del dicho del tribunal, decidió revisar por su cuenta las actas oficiales en el número suficiente (la mitad de los distritos del país) para demostrar que los diversos errores e inconsistencias superaban en número a la diferencia de votos que había entre Calderón y López Obrador. Entre uno y otro hubo 233 mil votos. En el estudio de Crespo se comprueba que el número de votos irregulares fue del orden de 300 mil. Esa única razón obligaba al tribunal a declarar nulas las elecciones.

Crespo va desgranando, sin pasiones partidistas ni estridencia alguna, los significados de su trabajo. La conclusión mayor es, sin duda, que los mexicanos podemos afirmar que la verdad jurídica no corresponde a cabalidad con lo que empieza a ser ya la verdad histórica de lo ocurrido en 2006.

José Antonio se vale de una cita de Marc Bloch para ilustrar uno de los principales propósitos de su investigación y libro. Ajustar la historia de la elección de 2006 a la definición de este especialista: "El verdadero progreso en el análisis histórico llegó el día en que la duda... se hizo examinadora... cuando las reglas objetivas fueron elaboradas paulatinamente y permitieron escoger entre la mentira y la verdad". Crespo no sólo planteó las dudas sino que realizó el examen riguroso para conocer parte de la verdad de lo ocurrido en 2006.









¿Usted piensa votar?
Jorge Camil
La Jornada / 17-04-09

Con una elección nuevamente secuestrada por la señora Gordillo, convertida en factotum de la política nacional, y un Germán Martínez obcecado por la guanajuatización de México, ¿usted piensa votar? Lo felicito, va a ser de los mexicanos disciplinados que asistirán a las urnas por temor reverencial, como lo hicimos inútilmente durante la mayor parte del siglo pasado y lo que va del presente. Antes votábamos por las razones equivocadas: por obligación cívica, por disciplina, para dar buen ejemplo a los hijos, por inercia, porque creíamos en los ridículos rumores de que a los incumplidos se les negaría el pasaporte, o la licencia; votábamos quizá por gratitud con el PRI, que bien o mal nos proporcionaba en forma consistente paz social, infraestructura, respeto internacional, una economía estable y el privilegio de disfrutar nuestras calles y ciudades sin temor a jugarnos la vida.

Hoy, en cambio, hemos descubierto el voto útil y el “voto de castigo”, así que con ellos regresamos a votar años después por las razones equivocadas: para castigar los errores del partido en el poder o apoyar alianzas inconfesables, aunque con ello estemos castigando a una frágil democracia manipulada por asesores extranjeros y desprovista de ideología nacional.

Hoy votamos “a la gringa”, apoyando o rechazando candidatos mediáticos, cuando en el pasado casi todos votaban por el PRI, porque el PAN era un partido sectario para iniciados por el que votaban los católicos recalcitrantes, quienes décadas después continuaban lamentando las leyes que promovían la educación laica y prohibían (de nombre, al menos) la manifestación pública de los actos religiosos; los derechistas a ultranza, para quienes la política nacional estaba secuestrada por masones, descreídos, ladrones y comunistas.

El PRI ofrecía beneficios tangibles: hospitales, carreteras, escuelas y paz social. El PAN, en cambio, predicaba una ideología nebulosa basada en “valores eternos”; una democracia a la que sólo se llegaba, según la doctrina de los fundadores, tras “una brega de eternidad”. Así presentada, la democracia panista se parecía al reino de los cielos, adonde llegaban únicamente quienes se conservaban en estado de gracia. Pero como la política es de este mundo, y se traduce en acción y solución de problemas prácticos, los panistas jamás llegaban al poder. Se conformaban con seguir “educando” al pueblo en los beneficios de una etérea democracia que a la postre sería traicionada por Vicente Fox, y que hoy lamentablemente ponen al servicio de la señora Gordillo (¡los padres fundadores deben estar revolcándose en la tumba!). El neoliberalismo salinista mató al PRI de ideología revolucionaria, obrerista y solidaria con los intereses de las clases populares. Pero Fox lo enterró. Tras los excesos salinistas, Fox, astuto empresario de cuestionable cuño panista, interesado únicamente en los beneficios económicos del poder y asesorado por politólogos extranjeros, nos convenció de que era el momento de ejercer el “voto útil” y el “voto de castigo”. Así que nuestro primer ejercicio libre de ese derecho fue también por razones equivocadas.
Hoy, después del sexenio presidencial de la esperanza traicionada y las ilusiones rotas, y en medio de otro mandato panista que ha desatado una auténtica guerra civil para erradicar (¡menuda tarea!) el crimen organizado, algunos mexicanos se preparan a ejercer nuevamente el inútil voto de castigo. (Y en cuanto al avance de una guerra amorfa que cada día se parece más a la elusiva “guerra contra el terrorismo” de George W. Bush, el domingo pasado Arturo Sarukhán reiteró en CBS que no somos un “Estado fallido”, pero reconoció que hay estados del país donde los turistas ciertamente corren peligro. Se olvidó de incluir a los mexicanos.)

La realidad es que tenemos una “democracia” que se traduce en la estéril libertad de votar, aunque otros escojan los candidatos y no se respete el voto ni se cumplan las promesas. Todos quieren ganar elecciones, pero nadie quiere gobernar. ¿El PAN sabe gobernar? ¿El PRI puede volver a gobernar? ¿Y el PRD, inmerso en el embrollo de las “izquierdas” (“nueva”, “unida”, ¡fracturada!), llegará a gobernar?

Yo, por lo pronto, me resisto a votar en julio por cualquier partido principal cuyos dirigentes suscriban alianzas con los “partidos confeti”. ¿Votar para perpetuar el redituable negocio personal de la familia del niño verde? ¿Votar por cualquier alianza con la que la señora Gordillo perpetúe su inusitado control tripartidista? (A propósito de la mujer a quien dos de sus biógrafos bautizaron como “doña Perpetua”, hay que leer la magnífica descripción que hace Luis Hernández Navarro (La Jornada 8/7/08) sobre las tácticas sindicales y políticas de la maestra, a quien él llama atinadamente Elba forever.) ¡Por favor!, no quiero saber a quién beneficie o perjudique mi abstinencia. Este 5 de julio déjenme en paz. Me quedo en casa ajeno a los chantajes del voto útil y del “voto de castigo”; ajeno a las obligaciones cívicas de un país que no ha encontrado la democracia y está perdiendo el rumbo.

http://www.jorgecamil.com/


FUENTE: http://www.jornada.unam.mx/2009/04/17/index.php?section=opinion&article=026a2pol

viernes, 27 de marzo de 2009

Ensayo sobre la Lucidez







Si en un país con la democracia afianzada se producen unas elecciones con el 83% de los votos en blanco, seguro que muchos cimientos se moverían. Pues eso es lo que pasa en la novela de Saramago, Ensayo sobre la lucidez, donde la población, la ciudadanía, decide votar en blanco masivamente en unas elecciones municipales.



El gobierno de turno se aterra, ordena una investigación ya que necesita encontrar algún culpable de la instigación al voto en blanco, ya que lo considera un complot para atacar las bases fundamentales del estado de derecho y, si no se encuentra pues se inventa, que es lo que suelen hacer muchos estados para desviar la atención de los problemas que tienen. Y entre todo esto destaca la tranquilidad de los ciudadanos, del pueblo, que pese a que el estado en plan castigo abandona a su suerte a la ciudad, los ciudadanos se comportaran con solidaridad y responsabilidad, lo que preocupa más al gobierno ya que puede ser que empiecen a imitarlo en otras ciudades y se extienda lo que ellos consideran una anarquía.





Ensayo sobre la lucidez plantea un debate sobre el funcionamiento de la democracia en la que vivimos, y destaca el poder de maniobra que aún reside en los ciudadanos, al votar en blanco, para manifestar su descontento con esta situación. Esta fábula repleta de advertencia que describe Saramago nos invita a reflexionar sobre por qué votamos a una u otra opción política, cuando muchas veces ninguno de ellos atiende verdaderamente a nuestras necesidades sociales y económicas. Varias organizaciones cívicas han solicitado en pasadas elecciones el voto en blanco para presionar a nuestros gobernantes y forzar una actitud más social y moral del Estado.





Saramago piensa que estamos viviendo una época de gran indigencia intelectual, pero no desdeña combatir las pobres ideas al uso. En el caso de que una de ellas sea, como bien puede serlo, el “fin de la historia” proclamado tan frívolamente por Francis Fukuyama por mor del triunfo definitivo de la economía de mercado y la democracia formal, la última novela del Nobel viene, junto a la ya citada La caverna, a contradecir tan peregrina hipótesis. Las miserias de un sistema económico despiadado, para el que las personas no cuentan, eran el tema de la obra de 2000, mientras que ahora Ensayo sobre la lucidez se las ve con las contradicciones políticas del statu quo imperante en el llamado primer mundo.