
Si en un país con la democracia afianzada se producen unas elecciones con el 83% de los votos en blanco, seguro que muchos cimientos se moverían. Pues eso es lo que pasa en la novela de Saramago, Ensayo sobre la lucidez, donde la población, la ciudadanía, decide votar en blanco masivamente en unas elecciones municipales.
El gobierno de turno se aterra, ordena una investigación ya que necesita encontrar algún culpable de la instigación al voto en blanco, ya que lo considera un complot para atacar las bases fundamentales del estado de derecho y, si no se encuentra pues se inventa, que es lo que suelen hacer muchos estados para desviar la atención de los problemas que tienen. Y entre todo esto destaca la tranquilidad de los ciudadanos, del pueblo, que pese a que el estado en plan castigo abandona a su suerte a la ciudad, los ciudadanos se comportaran con solidaridad y responsabilidad, lo que preocupa más al gobierno ya que puede ser que empiecen a imitarlo en otras ciudades y se extienda lo que ellos consideran una anarquía.
Ensayo sobre la lucidez plantea un debate sobre el funcionamiento de la democracia en la que vivimos, y destaca el poder de maniobra que aún reside en los ciudadanos, al votar en blanco, para manifestar su descontento con esta situación. Esta fábula repleta de advertencia que describe Saramago nos invita a reflexionar sobre por qué votamos a una u otra opción política, cuando muchas veces ninguno de ellos atiende verdaderamente a nuestras necesidades sociales y económicas. Varias organizaciones cívicas han solicitado en pasadas elecciones el voto en blanco para presionar a nuestros gobernantes y forzar una actitud más social y moral del Estado.
Saramago piensa que estamos viviendo una época de gran indigencia intelectual, pero no desdeña combatir las pobres ideas al uso. En el caso de que una de ellas sea, como bien puede serlo, el “fin de la historia” proclamado tan frívolamente por Francis Fukuyama por mor del triunfo definitivo de la economía de mercado y la democracia formal, la última novela del Nobel viene, junto a la ya citada La caverna, a contradecir tan peregrina hipótesis. Las miserias de un sistema económico despiadado, para el que las personas no cuentan, eran el tema de la obra de 2000, mientras que ahora Ensayo sobre la lucidez se las ve con las contradicciones políticas del statu quo imperante en el llamado primer mundo.

Votar es una mera trivialidad en la vida democrática. Ejercer el poder democrático, en el sentido más aceptado, que sería el de la dudosa democracia griega, (más adelante volveré sobre este asunto) no explica cómo es que el gobierno es del pueblo, es decir, no es claro ni definido el papel que deben desempeñar los individuos en la sociedad más allá de lo estipulado como obligaciones legales. No está definido cómo tomar decisiones (me refiero al proceso en asusntos colectivos) ni cuál es la información necesaria que debe tener a mano un ciudadano para dar su opinión y ejercer el derecho al voto; en el caso de que se permita a los ciudadanos dar su opinión para ser tomada en cuenta en el rumbo que deban seguir los acontecimientos electorales y ésta no sea una mera acción catártica. En la democracia griega había un foro en el que discutían los asuntos del estado y posteriormente se votaba por una u otra opción para ser puesta en práctica por los mismos ciudadanos que participaron en ese foro. Así, las discuciones giraban en torno a los intereses comúnes y el proceso electoral se reducía a decidir por alguno de los cursos de acción propuestos durante las discusiones. La vida democrática griega estaba sustentada por las acciones cotidianas y en las discusiones mas no en el voto. La opinión personal era escuhada y sometida a crítica antes de tomar decisiones, antes de llegar al momento de cierre, es decir el momento en el que se votaba. Dejo en claro que el voto tenía y debe tener un carácter meramente instrumental y no sustancial.
ResponderEliminarVotar es una acción enmarcada en otra mucho más ámplia, a saber, nuestra vida común. ¿Es que podemos pensar que la participación en procesos avalados por un grupo legalmente establecido que se a apropiado de los derechos de comunicación sobre las propuestas que atañenn a la vida de todos los ciudadanos de un país sea una participación realmente democrática? Estos procesos electorales de la sociedad contemporánea, y sobre todo urbana, no toman en cuenta al ciudadano ni en el sentido de ser el origen y fin de todo acto de gobierno, es decir que son su razón de ser, ni en el sentido de que los ciudadanos son los principales constructores y actores de la democracia. En los procesos electorales sólo se recibe el voto ciudadano y éste, se ha pretendido, es equivalente con voz, con sus análisis y cricas. Es calro que los ciudadanos no tenemos voz en el proceso electoral, así que votar no ayuda para nada a mejorar la vida democrática del país. Una “democracia” que cierre el paso a los foros ciudadanos y que impida que estos tengan influencia efectiva sobre el proceso electoral simplemente no es democracia.
¿Por qué votar? Votar por un partido o por otro debería servir para acotar la influencia del poder de los partidos políticos, sin embargo los hechos han mostrado que ciertos partidos no están dispuestos a que se les acote su esfera de poder y han enturbiado el escenario político social. Entonces ¿qué nos queda, seguirles el juego? Creo que ha perdido todo sentido votar en los procesos del ahora llamado IFE, pues de cualquier modo, los ciudadanos seremos ignorados una vez que haya terminado su proceso.
Aunque queda aún el tema de cómo poner en marcha los acuerdos a los que se llega en un foro de modo que la vida democrática deje de ser representativa para que se convierta en participativa, no me extenderé sobre ese asunto, la democracia que no sea participativa no puede considerarse democracia. La democarcia en la Grecia Antigua sólo participaban los hombres libres, y por hombres debe entenderse hombres de sexo masculino, que tuvo su momento culminante en el juicio a Sócrates que terminó con su condena por haber estimulado a los jóvenes. Los hombres de aquella época eran los que llevaban los asuntos cotidianos y por tanto eran los únicos que podían participar de los procesos democráticos. Ellos participababn en los foros, discutían y votaban para después poner en marcha, vía sus esclavos, sirvientes, mujeres y niños, los acuerdos tomados en el foro democrático. Lo que podemos sacar en claro es que su democracia funcionó gracias a que eran los mismos debatientes y votantes los que llevaban a cabo, es decir los que convertían en hechos los dicursos. A nosotros nos queda pendiente saber cómo llegar a ese punto, cómo convertirnos en actores yartífices de nuestra vida colectiva. M ientras no resolvamos este punto fundamental, ningún proceso electoral representativo tiene mayor significancia en nuestra existencia. Yo no votaré.